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viernes, 18 de marzo de 2022
El "Boomerang"
martes, 15 de marzo de 2022
"El plan"
Va ya para
más de 30 años que se instauró cierto sistema educativo que vino para
quedarse, pero no para arreglar nada como se ha demostrado a la larga: la
LOGSE. Si al principio se trataba de una pequeña remodelación del sistema
educativo, seis años después empezó la quimera que ha llevado a la situación
actual que estamos padeciendo, en España en general y en Cataluña en
particular, y que nos tiene, por así decirlo, rabiosos y hartos. Si preguntamos
a la gran parte de la comunidad educativa sobre la inutilidad de la E.S.O,
observaremos que el hartazgo es ya de dimensiones mayúsculas, nos intentan
tomar por bobos pero van a toparse con un gran muro porque no aguantamos más
este dislate o sinsentido.
LOGSE, y sus
secuaces consecuentes variantes, no han hecho más que prorrogar y enquistar un
problema que ahora mismo tiene difícil solución, nadie quiere dar marcha atrás
después de 30 años pero no es de recibo que los institutos se hayan convertido
en guarderías por culpa de la desatención y la ineptitud de los políticos, que
buscan incesantemente la privatización que lleva a la privación, la privación
del alumnado para conseguir la excelencia. Cada vez que escucho los términos
"currículum" y "competencias" me echo a temblar porque
están provocando que formemos a personas mediocres que no se podrán defender en
el mundo real en el futuro si se les da todo mascado, esa cultura del
"estómago agradecido" que algunos no sufrimos en nuestra época al no
estar contaminados por un continuo e infumable reguero de leyes que atentan
contra la educación en vez de sostenerla.
Por esta
razón, y por otras de diferente calado, el profesorado catalán (ignoro si
sucede ídem en otras CCAA) en pleno se ha visto abocado esta semana a realizar
diversos días de huelga y manifestaciones, que al final perjudican al alumnado
en general... y al último curso del bachillerato sobre todo por la cercanía de
la denostada selectividad. Como profesional de la educación suscribo las
razones de dicho paro, por mi espíritu crítico no la realizo porque mi creencia
en los sindicatos es nula, al menos por el momento y hasta que demuestren su
validez. Tal vez si se autofinanciaran y no se lucraran de los presupuestos
generales del Estado, otro gallo cantaría y no serían veletas de doble cara que
actúan a merced de los políticos y que sólo ponen el grito en el cielo cuando
las quejas son utilitaristas y les afectan de pleno.
Respecto a
la otra parte, la parte contratante como diría Groucho Marx, podemos decir que
mucho afán de negociar no tiene, la verdad sea dicha, más bien de imponer su
voluntad y arrasar con todo lo obtenido cual caballo de Atila. Hace ya un
quinquenio empezaron a oírse cantos de sirena sobre los futuros planes de los
diferentes "Consellers d'Educació", mal educación sería un término
más acorde con estos personajes de los que no merece la pena ni mentar su
nombre y apellidos, más bien ignorarlos y verlos pasar como el agua fluye por
un cauce. Para empezar: ¿Cómo es posible que el desempeño de este cargo no sea
llevado a cabo por un profesional de la educación que nos entienda y apoye?
Partiendo de
esta premisa no es de extrañar que el actual "Conseller" sea un
experto en marketing y que sólo vea números en vez de personas, lo cual muestra
el sectarismo y la mala praxis política. Se dan cuenta pero no aceptan que
están jugando con el destino de miles de personas, tanto docentes como
alumnado. Como también saben que están ahí gracias a la voluntad de los
votantes, ahora mismo arrepentidos en parte, y que no pueden hacer lo que les
venga en gana. Si se le da la vuelta a la tortilla, nos podemos hacer eco de
cierto comentario del listo, o tonto, de turno, que decía que el profesorado y
el funcionariado en su totalidad, deberían obtener sus emolumentos por
objetivos, esto lo dijo el presidente de una gran multinacional, del sector textil
para más señas.
Esto ya
demostraba la afinidad entre empresarios y políticos, y también que su utopía
intentaba acceder a un coto privado como el nuestro. Tal vez debería ser al
revés y son los políticos los que deberían rendir cuentas ante la sociedad y no
buscar su interés antes que el del prójimo, así que si se demuestra que un
cargo relevante ha cometido un error de bulto se le da puerta y a otra cosa
mariposa. Se echarían a temblar ante la tesitura de ser examinados
continuamente y que si no actuaran bien perderían su sueldo, y eso exactamente
es lo que intentan con nosotros, que funcionemos como empresas y no como
educadores, cosa que no vamos a consentir por supuesto.
Así que
empezaron su limpieza con las "escuelas de adultos" y los institutos
que ofertan "bachillerato nocturno", obligando a ambas modalidades a
reformularse y a buscar clientes hasta debajo de las piedras mediante las redes
sociales y el boca a boca, competencia suma claro está. Que no sabemos ya si
hablamos de educación o de épocas pretéritas de haber sido promotores de
discoteca o incluso de ir a puerta fría como un comercial, tal cual. Pero quién
avisa no es traidor, y los demás docentes pensaban que esa guerra no era suya y
que les quedaba muy lejos en el horizonte, nada más lejos de la realidad porque
el plan iba más allá, hasta atacar la mismas líneas de flotación educativa; un
caso es el decreto de plantillas, por el cual la dirección de un centro puede
decidir, o no, con qué profesionales contar, por entrevista o reclamación, sin
tener en cuenta muchas veces su idoneidad y sí la afinidad con el equipo
directivo.
Hasta que se
ha dicho basta, la gente se cansa de que piensen que son marionetas al servicio
de gerifaltes o mandamases que en verdad no sirven para mandar porque tienen
cero idea del ámbito que deben dirigir, son robots de la política mal entendida
y mal ejecutada. Respecto a nuestras demandas como personal educativo, se
podrían reducir a una sola: queremos trabajar sin sobrecarga de horarios, de
alumnos, y de burocracia que no nos permite desempeñar nuestra función como
desearíamos. En concreto lo que se pide es: que las "ratios" o número
de alumnado por clase disminuya (en cierto modo seguimos como hace 30 años),
que desaparezca el decreto de plantillas, que se reduzca en el horario el
tiempo que realizamos de más y para ello se contrate a más personal, que
recuperemos parte del salario que nos congelaron tiempo atrás en plena crisis,
que la clase política reconozca que durante la pandemia no se han tomado las
mejores decisiones posibles, pero sobre todo que den marcha atrás en el asunto
del nuevo currículum y calendario.
La cuestión
del currículum trae miga porque hace perder peso, por ejemplo, a la filosofía
en pos de la religión. ¿No se supone que los centros educativos son laicos?
Pues no, supongo que en parte para contentar, como decía Stuart Mill, a la masa
de inmigración que en según qué centros forma casi la mitad del alumnado.
Pienso que la cultura religiosa es cosa de iglesias y mezquitas, y soy creyente
que conste, pero no acepto la hipocresía de lo políticamente correcto o
incorrecto. Además, filosofía pondera en selectividad y se trata de ser
práctico. Por otro lado, el nuevo currículum deja entrever que puede existir
una externalización educativa en el futuro, dicho de otro modo, aparecen por
arte de birlibirloque unos módulos que, como sucedió en las escuelas de
adultos, provocan que si los docentes se niegan a impartirlas por miedo y falta
de preparación, vendrán empresas sin nexo educativo alguno a realizarlas.
Por último,
y no por ello menos importante, está la cuestión del calendario, que esconde
detrás de una somera búsqueda de la conciliación familia-escuela alguna oscura
razón de ser. Eso provocaría la irremisible desaparición de bachilleratos
nocturnos si se hace horario partido, sin tener en cuenta que el alumnado
estaría más disperso y desconcentrado después de la hora de la comida. Daría
lugar a un gran dispendio económico porque se debería ofrecer servicios de catering
en los centros o buscar algún espacio que hiciera funciones de comedor. El
Departament nos pone el anzuelo para ver si picamos, diciendo que en junio
estarían todas las plantillas cerradas, que ningún docente haría menos de media
jornada, etc.; no se lo creen ni hartos de vino. Lo que es meridiano, claro y
distinto cartesiano, es que el adelanto del calendario es sinónimo de hacer las
cosas deprisa y mal. La semana y poco que se suele tener antes del inicio de
curso se usa sobre todo para reuniones y solucionar problemas en los
departamentos en los que ha habido cambios de personal; porque la preparación
de clases se hace en verano, no se puede esperar a última hora nunca en ese
aspecto.
Muchas
pretensiones tenemos, a ver hasta dónde llegamos y qué conseguimos. Desde luego
luchar, lucharemos.