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jueves, 5 de noviembre de 2026

Pastores y borregos.

Es de sobras conocido que las masas son peligrosas si actúan por sí solas o si obedecen a un caudillo que les lleve a la inmolación, metafórica o no. En esta "acción directa", las consecuencias son desastrosas porque no se reconoce el poder político, o monárquico. El gran paradigma de esta cuestión fue el doble regicidio de la Revolución francesa, una revolución que se destruyó a sí misma gracias a Robespierre. Se buscaba acabar con la monarquía y casi se consiguió un imperio propiciado por Napoleón, bien lo sabemos los españoles, que lo vivimos en nuestras carnes, y bien que lo inmortalizó Goya en sus cuadros. 

El ser humano posee ciertas características que lo definen, es capaz de tropezar unas cuantas veces con la misma piedra y no es capaz de atisbar que la historia se repite una y otra vez si no se hace nada por cambiar lo establecido. Y así andamos últimamente, con el país hecho unos zorros entre escándalos políticos, vandalismo, corrupción...y lo más preocupante, la dejadez y la desidia de un gobierno, mejor desgobierno, que ha propiciado la desolación, y la desilusión, de cientos de familias que han perdido a sus familiares a causa de evitables e inadmisibles desastres medioambientales y ferroviarios. 

¿Cómo se ha llegado a esta situación? La respuesta es fácil y complicada a su vez. El problema, metafóricamente hablando, es que no hay pastores que lleven a las ovejas por el buen camino, y entonces los borregos van a sus anchas, sin orden ni concierto. Hace tiempo que se ha perdido la esencia de la política en España, no hay líderes, no hay ideólogos, no hay bases, solo existe el convencimiento de que se vive muy bien como político, siempre que no te pillen en un renuncio si te llenas los bolsillos, aprovechándote del prójimo... eso no es política, sino robar, hurtar, y demás sinónimos, se mire por donde se mire.

Posiblemente haya factores que posibilitan este desorden: la Constitución del 78 se ha quedado obsoleta y se debe revisar, el café para todos autonómico desangra al Estado y como consecuencia tenemos una burocracia agobiante y asfixiante...y en último término, el tema estrella: el cambio de sistema de gobierno, si es hora de que los españoles sometamos a referéndum pasar de una monarquía parlamentaria a una republica, pero mientras haya el pensamiento único de que la república es cosa de la izquierda y se levanten fantasmas de la Guerra civil, mejor estarnos quietos. Como desconocemos lo que vendrá, hablar de ésto es hacer castillos de naipes.

¿Y mientras?. Se han cumplido exactamente dos años de las inundaciones en la provincia de Valencia, la llamada D.A.N.A, que causó más de doscientos muertos, y como diría Julio Iglesias ,"la vida sigue igual". Lo único que se ha hecho es alarmar a la población con las alertas del móvil, que aciertan la mitad de las veces, así que puede caer la mundial y te puedes llevar una inesperada sorpresa en la carretera, o avisarte de que trabajes desde casa y hacer un sol de justicia, lotería pura. En cualquier caso, lo peor que puede hacer un gobierno es actuar como una veleta: en el caso del COVID el gobierno se saltó la ley a la torera porque "yo lo valgo"; en cambio no dio un golpe en la mesa para que la UME, los sanitarios y demás fuerzas entraran raudas y veloces en Valencia cuando las circunstancias mandaban, a sabiendas que la población se ahogaba, literalmente. Cuanto es asunto del bien general, las CCAA deben pedir ayuda y mantenerse al margen, como este verano con los implacables incendios, y pasarle la pelota al Estado.

Pero si grave fue esta situación, y cómo se observa de resiliencia no entienden, es peor saber que en lo que llevamos de año ha habido multitud de sucesos ferroviarios, tres de ellos con resultados catastróficos en lo concerniente a vidas humanas, exactamente 116 personas han fallecido en los accidentes de Adamuz y Urda (por alcance entre trenes), y Gelida (a causa de la caída de un talud en la vía, derivado de las constantes lluvias). El A.V.E, la alta velocidad ferroviaria, envidia antaño del mundo, se ha quedado anticuado y no se ha hecho nada en una década por subsanar este problema. Pero en cambio invertimos en infraestructuras de ferrocarril en Arabia Saudí y Marruecos, dos muestras del mal hacer gubernamental, que cuando ha de decidir entre pagar favores ajenos o arreglar lo propio, decide lo primero. 

No solo eso, sino que cuando un responsable político ha de tener altura de miras, hacer autocrítica y reconocer errores... hace lo opuesto, es para echarse las manos a la cabeza. Una persona que dice representar a la sociedad ha de asumir que un cargo público no dura eternamente, sobran políticos y faltan técnicos, y esto se aplica en ambos casos. En el caso de las inundaciones fue por ver quién podía más, jugándose la vida de multitud de ciudadanos. En el segundo caso, es inadmisible que un ministro, que debió dimitir ya en el primer accidente de tren, califique como errores humanos la falta de inversión, investigación y desarrollo... pero claro está, qué queremos después de tres años sin presupuestos generales, no se pueden aprobar leyes con un gobierno secuestrado por pactos artificiales en pos de la poltrona infinita. 

Y el culmen es atacar a personas fallecidas en los accidentes de tren, maquinistas y demás personal, como si fueran culpables de falta de mantenimiento, de robos de cableado, etc; ¿Cómo es posible que en las altas esferas de tráfico, guardia civil, policía nacional, sanidad, ejército...no suelan existir técnicos especializados en su cometido y sí cargos designados a dedo, familiares, amigos y conocidos de tal o cual político? Ese es el mal endémico de todos los gobiernos en España, desde la Transición, y ya es hora de cambiar esta situación, así como hacer desaparecer las puertas giratorias y los sueldos vitalicios. Si un cargo público finaliza su cometido debe volver a su antiguo puesto de trabajo, el problema es que multitud de políticos no tienen en verdad dónde caerse muertos y lo que se dice cotizar no es que tengan larga hoja de servicios. Otra solución es la política a prueba o por objetivos, si lo haces bien seguirás, sino a otra cosa mariposa.

Y así volvemos al primer párrafo, no hablamos de Robespierre pero sí de cierta persona que no se ha visto al final en otra que convocar elecciones. Las masas son peligrosas per se, los malos líderes personalistas son aún peores,  como en este caso. Después de ganar unas elecciones en minoría, pactando con el diablo; teniendo a la mitad de su cúpula familiar y gubernamental presa o susceptible de estarlo por diversos casos de corrupción, incluso un ex-mandatario de su propio partido, su "mecenas"...tras un suma y sigue extenuante camino de una deriva inevitable, al final consintió en dejar que los españoles manifestemos nuestra voluntad política. Tanto alimentó al monstruo que éste se lo comió, nunca había significado tanto perder dos votaciones en el Congreso, sus "socios" lo tenían atado de pies y manos en la cuestión de la vivienda y los alquileres. Cuestión menor habiendo vendido Ceuta a los marroquíes cuando nos invadieron miles de inmigrantes en julio...un daño irreparable que sin duda ya empezó a hacer mella de verdad en este gobierno, en cualquier otro Estado hubiera sido sinónimo de guerra y de caída inmediata del gobierno por ultraje a los españoles.

Como buen trilero es de los de morir matando, y ya lo está manifestando con el pseudo 15M que se montaron en Sol por la crisis de la vivienda, usando como arma política la muerte de una anciana desahuciada; o por los altercados miméticos antisistema que empezaron en Francia (como no) y que se han seguido sucediendo en toda Europa, y España no podía ser una excepción. Para más inri, en un par de semanas los adláteres sindicatos afines al gobierno han convocado una huelga general en contra de la oposición, una huelga política que posiblemente sea un fracaso enorme porque el término oposición es ahora mismo una utopía dada la proximidad de las urnas. ¿Qué hará la gente, trabajar o manifestarse? Estad tranquilos que follón habrá, la izquierda radical quema las ciudades cuando no le salen bien las cosas, la derecha es más cómoda pero no se va a quedar quieta. Esperemos que impere el sentido común y no el incendiario. Gustave Le Bon y Ortega no erraron en sus predicciones; la masa es voluble, dispersa... necesita obedecer a un líder, y el líder necesita a la masa, son complementarios y a su vez igual de dañinos.